En México todos somos entrenadores... también los domingos
Por qué el hábito de opinar sobre todo revela más del corazón que del partido. En México existe un deporte que se practica más que el fútbol: opinar sobre el fútbol. Cada domingo por la tarde, millones de hogares se convierten en improvisados centros técnicos. Ahí, con refresco y botana sobre la mesa, y sin haber pateado un balón en veinte años, cualquiera sabe exactamente qué alineación debió elegir el director técnico, qué cambio hacer al minuto 63 y por qué el presidente del club, el defensa central y la mascota del equipo merecen ser despedidos antes del medio tiempo. Lo curioso no es que opinemos, sino la certeza con la que opinamos. El mismo señor que no puede correr cien metros sin pedir un tanque de oxígeno está convencido —absolutamente convencido— de que él sí sabría cómo ganar el partido. La señora que nunca ha tocado un balón opina sobre la defensa con el tono de quien dirigió una final del mundo. El niño de nueve años grita "¡fuera el técnico!" porque lo escuc...









