Cuando el envío termina y la comunión no comienza
Sobre la comunión en el evangelio que muchos creyentes confunden con una relación transaccional. El día del envío todo se hace bien. Hay oración pastoral, palabras solemnes, abrazos fraternales, lágrimas sinceras, un sobre con la ofrenda, fotografías para el recuerdo. El enviado se despide. Su esposa sonríe con los ojos cansados. Los hijos no terminan de entender lo que está pasando. La congregación canta. Alguien comenta, conmovido, que esa familia ha respondido al llamado del Señor. Y después comienza el silencio. No el silencio del primer mes, que aún se llena con los mensajes del día del envío. El silencio que se instala al tercer mes, al sexto, al noveno. El que el enviado nota cuando revisa su bandeja de entrada y descubre que las únicas comunicaciones recientes son solicitudes de reporte. El silencio que su esposa siente cuando ningún hermano de la iglesia que los envió ha preguntado, en meses, cómo están los niños. El envío fue conmovedor. El día después fue otra cosa. Es conve...









